Fin-per, la inmobiliaria de los horrores

Ya que aún estamos a principios de noviembre y la fiesta de Halloween todavía queda cerca, os quiero contar una historia de miedo, pero miedo del bueno, una historia de terror.

La protagonista de la historia es una empresa inmobiliaria de Barcelona llamada Fin-per, aquella cueva de los horrores albergaba a los ladrones y delincuentes más temibles y despiadados de la zona (y nosotros no lo sabíamos).

Hace poco más de un año, 3 amigos y yo nos embarcamos en la ardua tarea de buscar un piso en Barcelona (en pleno agosto) y tras consecutivos tropiezos y reveses que la vida te va presentando, caímos en manos de Raúl, el mayor delincuente de la cueva Fin-per.

Él nos engañó con su palabrería barata y sus artes de manipulación y, nosotros, jóvenes e inexpertos y perdidos en una ciudad desconocida, terminamos viendo auténticos zulos y horrorosos habitáculos a los que Raúl llamaba “pisos de estudiantes”.

Por fín, el ladrón nos llevó a una casa con luz, ventanas, con espacio para cama y armario en la misma habitación y sin cucarachas y otro tipo de seres vivos correteando por las esquinas, vamos, una vivienda “decente”. Finalmente nos decidimos a firmar un contrato de arrendamiento con este despiadado ser que parecía dicharachero y amable.

Aquí comenzó nuestra historia de terror.

Ese mismo día nos adentramos en la temible cueva para la firma del contrato con nuestros 500 euros de fianza, tal y como habíamos acordado con el ladrón…perdón, con Raúl.

Nada más sentarnos a la mesa empezamos a intuir fenómenos paranormales, la chica que nos redactó el contrato y se encargaba de adornar con palabras bonitas esa sarta de mentiras y de cadenas que nos atraparían un año en ese inmueble, pronunció las palabras mágicas: “bueno, pues ya está, firmáis y me dáis los 300 euros de fianza”.

-¿Cómo? -dijo V. por lo bajo- ¿no eran 500?

Cuando el ladrón jefe llegó a esa mesa destapó inconscientemente la gran mentira: “Bueno, pues ya está ¿no? Ya habéis firmado y le habéis dado a mi compañera los 500 euros…”
¿500? ¿No son 300, como siempre? -dijo la mujer del contrato-.

Raúl el ladrón se puso nervioso y nos insistió: “peroo… habíamos quedado en 500 ¿no?”

-Sí, pero ella ha dicho 300 -dijo C. satisfecha al ser consciente del error del ladrón-.

Nos fuimos de allí con los 200 euros salvados y juramos odio eterno a aquel ser despiadado.

La primera semana en el piso resultó inquietante, pues con cada objeto que se movía de su lugar inicial, aparecían kilos de basura y suciedad. Las primeras apariciones del piso.

El resto del año fue bastante estándar, con sus goteras, sus persianas averiadas, sus vecinos entrando, saliendo, tocando la guitarra, la flauta, etc. También hubo buenos momentos, el ambiente generado por los inquilinos de la vivienda ayudaba a dejar de pensar en las apariciones y fenómenos paranormales que nos acechaban, como la voz que, todos los días, a las 2 de la tarde gritaba: ¡Holaaa! (¿o eso era una vecina?).

A principios de verano ocurrió una desgracia (o casi). Cuando C. estaba cocinando tranquilamente, algo movió el armario de la cocina y lo descolgó (¿o es que estaba muy vieja la pieza que lo sujetaba?) y una tabla de madera cayó al suelo justo donde había estado C. hacía un segundo escaso.

Días después detectamos la aparición de agua en el pasillo, venía del baño de los chicos. Cuando nos adentramos en aquel lugar descubrimos que la cisterna del baño expulsaba líquidos fuera de ella (ah, espera, que igual solo perdía agua) e inundaba aquel espacio constantemente.

Un soleado día de junio, C. decidió llamar a Dolors, la delincuente y súbdita de Raúl (con un nombre muy bien escogido, Dolores) que gestionaba nuestro contrato. No era la primera vez que hablaba con ella, aunque no pillarla casualmente reunida fuese un milagro de la naturaleza y Dolors le prometió a C. que hablaría con el propietario y nos daría una solución temprana.

Hoy es 11 de noviembre y, tras varias llamadas e intentos por localizar a cualquier ladrón que habite en la cueva Fin-per, podemos declararnos huérfanos y okupas, pues estamos viviendo en un inmueble sin haber firmado la renovación de un contrato legal y continuamos luchando por sobrevivir en ese espacio que se empeña en caerse a pedazos.

Esperamos que esta historia sirva para que ningún insensato se adentre en esa cueva jamás ni se atreva a firmar un contrato con ladrones y delincuentes de ese calibre.

Continuará…

Pd: C. consiguió arreglar la cisterna de los chicos, no temáis por ellos, no se han ahogado.

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2 respuestas a Fin-per, la inmobiliaria de los horrores

  1. Idefix dijo:

    Me gustaria contarte un grave probkema que tuvimos con estos ladrones. Ponte en contacto conmigo

  2. Javier dijo:

    jeje, luchando con los ladrones me encuentro ahora que no me quieren devolver la fianza, al menos me he reído un rato con el relato

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