Fin-per, la inmobiliaria de los horrores vol. II

Después de la terrorífica historia de Halloween quería traeros un segundo capítulo de “Fin-per, la inmobiliaria de los horrores”.

Ahora que se acerca la Navidad os contaré la lista de deseos y regalos de mis compañeros de piso y de una servidora.

Mentalmente he escrito esta carta muchas veces.

Queridos Ladrones de Fin-per (lamentablemente, estos son nuestros Reyes Magos):

A., H., S. y yo, C. hemos sido unos niños muy buenos este año de contrato .
Hemos mantenido la casa limpia a nuestra manera (las pelusas del pasillo no cuentan), no hemos armado mucho jaleo (excepto los miércoles de Caníbal y cuando se juntaban 10 personas a beber en casa), no hemos roto nada (excepto las cosas que ya se caían a pedazos cuando llegamos y alguna cosita más que hemos o pensamos reponer, jeje), tampoco hemos quemado naaad…. ¡bueno eso! ¡que hemos sido muy buenos!

Así que nos hemos puesto de acuerdo y nuestro único deseo para estas Navidades (A. lo tuvo más difícil, es que quiere muchas cosas) es que nos arregléis la cisterna del baño. Sí, ese es el único regalo que nos haría ilusión estas fiestas (repito, A. pide aparte).

Tengo que decir que tuvimos un regalo de Navidad anticipado de parte de los pajes (los buenos, los dueños del piso) que se pusieron en contacto con nosotros directamente y nos enviaron a su elfo J. a reparar los desperfectos del piso.

El elfo estuvo correteando y parloteando por la casa reparando lo que pudo pero cuando llegó a la cisterna del mal nuestras piernas temblaron.
-“He ajustado el tornillo para que el agua no suba de nivel” – dijo el elfo.
-“Ah sí, eso ya lo hice yo varias veces pero vuelve a aflojarse y gotea de nuevo” -comentó C.
-“Pero esta vez no va a volver a gotear, he hecho varias pruebas y está todo solucionado” -insistió el elfo.
S. recelosa murmuró: -“Sí, a papá le vas a engañar…”

El elfo se marchó y todo parecía correcto, las persianas subían y bajaban, el armario suicida de la cocina ya no quería tirarse de la pared y la cisterna no goteaba.

Pero la felicidad duró poco, muy poco en esa casa… a media mañana, estando sola en casa, C. escuchó un ruido repetitivo que provenía del baño, era la cisterna, que había empezado a gotear de nuevo ella sola.

C. se puso en contacto con el elfo de los pajes y a los pocos días este volvió a acudir a casa, con tan mala suerte de que ese día la cisterna, sospechosamente, dejó de gotear.
El elfo intentó volver a repararla e hizo las comprobaciones necesarias y todo pareció quedar en orden (pero solo parecía).

Cuando C. volvió a quedarse sola en casa (aproximadamente a la misma hora que la última vez) volvió a escuchar ese ruido… la cisterna goteaba de nuevo sin haberla tocado.

Seguimos a la espera de que el pequeño elfo hable con los pajes y nos dé una solución efectiva…

Halloween ya pasó hace tiempo, pero ahora que parece que nos hemos librado de los verdaderos enemigos, el que se pone en nuestra contra es el propio piso.

Está claro que en Morabos nunca descansaremos en paz…

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